La declaración línea a línea
Las etiquetas suelen dar las cantidades por cápsula y además por dosis diaria. Con dos cápsulas al día todas las cifras se duplican. El error de lectura más frecuente consiste en confundir la columna por dosis con la columna por cápsula.
Se declaran por cápsula sulfato de glucosamina, MSM, extracto de cola de caballo estandarizado al siete por ciento de silicio y vitamina C al cincuenta por ciento del valor de referencia, además de excipientes y el material de la cápsula.
Materia prima no es principio activo
En el sulfato de glucosamina la cifra indicada suele ser la de la materia prima. Para estabilizarla, esa materia prima contiene con frecuencia una sal, habitualmente cloruro de potasio, por lo que la proporción de glucosamina pura es menor que la cifra declarada.
Una mención como «equivale a x mg de glucosamina» hace visible esa diferencia. Sin ella no puede calcularse la cantidad real ni hacerse una comparación exacta con otros productos.
Excipientes y cubierta de la cápsula
Los excipientes como las sales de magnesio de ácidos grasos y el dióxido de silicio son auxiliares de proceso que mantienen el polvo fluido y llenan las cápsulas de forma uniforme. Están autorizados y no llaman la atención en las cantidades utilizadas.
Para la elección importa más el material de la cápsula. La gelatina suele ser bovina o porcina y por tanto no es vegetariana ni vegana. Quien lo tenga en cuenta necesita una indicación como hidroxipropilmetilcelulosa o «cubierta vegana» de forma explícita.
Alérgenos y origen
La glucosamina procedente de crustáceos debe declararse como alérgeno en la UE. Para quien tiene alergia al marisco, esa es la línea decisiva. Si no consta ningún origen, dé por supuesta la fuente animal y pregunte antes de comprar.
Compruebe además las menciones a trazas, que indican posible contaminación desde la misma línea de producción. Con una alergia diagnosticada, esa línea importa más que cualquier afirmación de eficacia.